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Trabajar y orar

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Hace unas cuantas noches, entonando cánticos en mi habitación recordé el himno “Anhelo trabajar por el Señor”, un tema compuesto por Isaiah Baltzell, que lo podemos encontrar en distintos himnarios. ¿Trabajar y orar? Sí, no una de las dos, sino ambas. No tengo estadísticas para afirmar cuál de los dos verbos son más conjugados en nuestra práctica cristiana, lo cierto es que regularmente nos inclinamos a uno de los dos lados. Las mujeres somos detallistas, eso suele decirse, así que nos fijamos en cosas que faltan, y somos buenas criticando y opinando acerca de lo que debería hacerse. Cómo ella debe ponerse tal vestido, qué color de corbata es el conveniente, las luces del templo, la decoración… Por supuesto, puede que este no sea un problema solo de las féminas, pero en este artículo quiero referirme directamente a las mujeres. ¿Cuántas cosas hay por hacer? ¿Cuántas veces ofrezco mis manos para trabajar? ¿Decimos que anhelamos trabajar por el Señor? Tal vez únicamente hagamos eso, decirlo.   El apóstol Pablo escribió: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. [i] Y si buscamos en el libro de los Proverbios, hallaremos constantes exhortaciones a trabajar. ¿Cómo invertimos nuestro tiempo? ¿Cuántas horas pasamos frente al espejo o contemplando rostros saturados de maquillaje en Instagram? Si colocásemos en balanza las horas invertidas en la obra del Señor y aquellas ocupadas en nuestro YO, ¿cuál lado logra más peso? Dios está interesado en que te ocupes, y dispone necesidades frente a tus ojos con el objetivo de que extiendas tus manos esforzadamente a trabajar. Hazlo intencionalmente, no esperes a que te llamen. Asume compartir el Evangelio con quienes te rodean. Realiza obras concretas con tus hermanas creyentes, que tal vez se encuentran en necesidad. La acción que nuestro Padre nos pide es diaria y además intensa. No se supone que las hijas piadosas de Dios sean holgazanas o que realicen trabajos mediocres. Ser hija de Dios implica que todos los días  sean para ti una nueva jornada de trabajo dedicado a la obra que glorifica el Nombre del Señor. Al fin y al cabo, ¿qué puede ser más deleitoso que entregarte en cuerpo y alma al servicio de quien te lo ha dado todo? “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.  [ii]                           Dios no quiere que trabajes para Él sino con Él Una vez conversaba con un buen hermano en Cristo, quien hizo mención de una frase que jamás olvidaré, eso espero: “Dios no quiere que trabajemos para Él, sino con Él”. ¿Me estoy contradiciendo? Acabo de exhortarte a que te esfuerces diligentemente en la obra del Señor, sin embargo ahora parezco estar diciendo todo lo contrario. Paso a explicarte usando el conocido pasaje de Lucas 10:30-42. Tal vez Jesús estaba haciendo un recorrido que le permitiera continuar su labor de enseñanza, lo cierto es que hubo una mujer que hizo algo extraordinario, le recibió en su casa. De acuerdo a las costumbres de esos tiempos, no era bien visto que una mujer recibiera un hombre en su hogar. Aun así, Marta abrió las puertas del suyo. Se le ve afanada en quehaceres, probablemente tratando de acomodar a Jesús y tratarlo bien. ¿Acaso está eso mal? ¿Acaso no quiere Dios que nos esforcemos en ser excelentes para Él y que le sirvamos con todo el empeño posible? Pero Marta se olvidó de lo más importante. Cuando Marta intenta que Jesús exhorte a su hermana con respecto a las labores, Jesús le dio un mensaje que siempre nos vendrá bien escuchar: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. [iii] Muchas veces nosotras vamos por ahí, decimos sí a Cristo, nos envolvemos en ministerios, tareas y compromisos. Pero es probable que no estemos disfrutando la mejor parte y, como si fuésemos autosuficientes, no vamos de la mano con Él, no estamos rendidas a sus pies, ni escuchando su Palabra. Sí, sé que has estado allí, yo también lo estoy constantemente. Debes cantar en el coro de la iglesia, probablemente colaboras en el ministerio de jóvenes, enseñas a los niños en la escuela dominical… ¡Verdaderamente estás trabajando para el Señor! Verte en acción es espectacular, todos te admiran y probablemente te sientes cómoda en esa posición. Si la congregación a la que asistes fuera la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, probablemente ya te habría otorgado el Oscar. Pero créeme, Cristo no te mira de la misma forma. Él sabe que no has escogido la mejor parte, no le has preferido a Él. Es mucho más  fácil estar entre la multitud que estar a solas con Cristo, en oración. Los escenarios y las luces nos motivan increíblemente, en cambio, cuando contemplamos su santidad, lo que recibimos es luz sobre nuestro pecado. Somos redargüidas y reprendidas. Dios no tiene allí ningún oscar para entregarnos. Solo nos queda escucharle y ser transformadas. “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. No hay miedo, nuestro Señor no tiene prisa, podemos pasar ahí todo el tiempo sin interrupción alguna y de seguro no nos echará fuera. Si Él no lo hace, nadie más puede hacerlo.  “Sí, mi anhelo es orar, Y ocupado siempre estar” [iv] Que nos esforcemos diligentemente en glorificar a nuestro precioso Señor. Sí, pero que lo hagamos caminando de la mano con Él. Al fin y al cabo, Dios no nos necesita.  ¡Su Gracia nos asista en este reto!   Julie Estévez Güílamo – Iglesia Misionera – República Dominicana
Leer más: http://protestantedigital.com/tublog/35239/trabajar_y_orar

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